¿Pensaste en el orgasmo?

#CUARENTENA

“Ven, vamos a la cama. Me debo un orgasmo”, es mi frase aggiornada luego de ser espectadora de Las 50 sombras de Gray. La vida es tan libremente sana cuando salimos del corset social. Alguna vez una amiga me dijo; “Pero, Loto….¡no se puede andar en la vida pidiendo el derecho a orgasmo! Luego nos trabamos en una discusión cuasi filosófica acerca de la emancipación femenina para unas y otras.

La charla fue años atrás en un café palermitano en medio de cervezas y tabaco. Ella me decía que las feministas hablamos de sexo solo para referir a la salud reproductiva y responsable. Yo le hablaba del camino sinuoso que estábamos andando y que cada mujer es en su circunstancia, pero que nuestro derecho al orgasmo está cuasi instalada en cierta franja social, no en todas.

Luego, sacamos de cuajo la filosofía para, al fin, poder consensuar en que el orgasmo femenino es la medalla más explosiva que se merece toda mujer.

El orgasmo es un sentir que parece tan obvio pero que no lo es, tiene una fecha en las efemérides: el 8 de agosto #DíaMundialdelOrgasmoFemenino. Dicen que el brasileño José Arimateia Dantas Lacerda, concejal de Esperantina (Piauí), impulsó en 2001 una ley para obligar a los habitantes de esa ciudad a que un día al año se hable sin prejuicios del orgasmo como una cuestión de salud pública.

Por entonces, en Piauí solo el 28% de las mujeres lograba llegar a un orgasmo. Luego, en Argentina, según un estudio realizado por Oh!Panel (difundido por Clarín): 5 de cada 10 argentinas llegan al orgasmo y casi el 60% de las encuestadas reconocen haber fingido alguna vez.

Recuerdo una navidad y las confesiones de una tía. La tía Marucha (que no se llama Marucha #Cuidemoslaprivacidad) me dijo que por prescripción médica hacía más de dos décadas que de sexo: “nada”. Al oír esa orgullosa confesión entré en un ataque que convulsionó la mesa sagrada familiar. Para la tía es de “buena mujer”, andar por la vida frunciendo las hormonas. En cambio, creo que mis hormonas son libres que ponen en jaque el orden de las cosa. Esta vida es una sola “NoValeSerFruncidx.

Me gusta la palabra descontruir, porque es sano. Y me gusta ser la Muchacha Punk de Fogwill. Porque aquella muchacha no hacía el amor, porque el amor ya estaba hecho. Lo trascendente es ser libre para hacer un montón de cosas entreveradas y sin fruncir nada de nada.

El orgasmo femenino puede ser tan polifacético como cualquier expresión del alma. Y tiene que ser dicho sin tapujos y será por eso que Cecilia Antolini le gusta impactar y multiplicar en su Facebook la fiesta del goce donde todos los días bailan clítoris coloridos, con poesías libertarias, con más clítoris que explotan por todos lados en frutas, en sombras. En todo hay clítoris y arte. Ella me dice que le gusta “visibilizar el orgasmo femenino, el autogestivo y el compartido.”

Me cuenta que hace un tiempo una familiar, lanzó la pregunta “¿qué le pasa a Cecilia con eso que publica, ¿está caliente o será la menopausia?”

“Parece que el orgasmo, la masturbación, el placer, el deseo, están prohibidos. Por eso, nombrarlos debe ser divertido. El cuerpo de las mujeres es un eterno desconocido, hasta para nosotras, si no es para portar un bebé o una beba, está sacralizada nuestra sexualidad y al servicio de otros (especialmente varones)”, reflexiona Cecilia que además de ser una vociferante defensora de la belleza que encierra todas las expresiones de nuestros cuerpos, es licenciada en Trabajo Social y trabajó muchos años con mujeres y adolescentes sobrevivientes de violencias y abusos sexuales.

El orgasmo femenino es un derecho, que se ejerce -al igual que todo derecho- con información: conocer el cuerpo, la salud sexual integral, el poder de decisión, son esenciales y no deben ser suministradas con restricciones ni desde el desconocimiento.

Sacarse el corset es tan liberador, no solo en lo cotidiano y lo urgente, sino como construcción de futuro. Por eso, a las feministas nos gusta decir que la revolución se da en la calle, en la plaza y en la cama, y eso es revolución.

Hagamos del orgasmo femenino el derecho a la felicidad. Y, si sabemos defender ese derecho tan placentero, estaremos a un coito de lograr la más atractiva de las revoluciones.

SEM/nl/lr

(Versión original publicada en SemMéxico y revista Ganando espacios)

 

 

Que la democracia se vuelva crónica

Para buscar a la tía en el geriátrico había que dejar todo ordenado en su casa y eso no es poca cosa: el desayuno, el hijo, el cachorrito, pensar el almuerzo, la ropa y todo. Todo y más, así como viven (vivimos) las mujeres, Y por último, buscar el documento en ese bolso lleno de sorpresas, migas, monedas, agendas, libros. El documento. Sin eso, ¡no vale la pena intentar votar!, le canchereó (algo tan obvio)Juan, el hijx niñx y muy creciente de Ene. Continue reading “Que la democracia se vuelva crónica”

Madre de noche y profe de día #cuarentena

street-art-2779341_1280Nunca pasé por una experiencia como esta. No me vengan que ya pasamos la gripe A, el cólera y varios “etc, etc”. El COVID 19 es esto, lo que vivís, lo que sentís, lo que te cuidas y nos cuidas.  Ahora que soy madura me siento más vulnerable que antes. Son esas cosas de la vida que parecen de matemática: a más edad, menor resistencia a las adversidades. Tengo (mos) hijo a quien cuidar, madre a quien cuidar (a la distancia) y personas amadas contempladas en los grupos de riesgo. Continue reading “Madre de noche y profe de día #cuarentena”

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